viernes, 4 de agosto de 2017

Acortar la brecha del tiempo con Skype

No es que tenga una aversión con vivir en pleno siglo XXI, es sólo que la autora Sarah Chrisman y su esposo Gabriel prefieren el estilo Victoriano. Son aficionados al estilo de vida de finales del siglo XIX, tanto, que han dedicado sus vidas para adaptarse y volverlo lo más real posible. En su mayoría, han tenido éxito para evitar la dependencia a los aparatos electrónicos y la tecnología instantánea, pues utilizan lámparas de aceite para iluminar su casa y un antiguo horno de leña para calentar y cocinar. Incluso han adoptado modas victorianas como opción de vestimenta.
Foto por Estar Hyo Gyung Choi
“Llegamos hasta aquí de manera gradual, al principio con la ropa y agregamos la tecnología junto con otros elementos conforme lo permitían el presupuesto y la oportunidad”, dice Sarah.
“Nos enfocamos en los 1880s y 90s porque fue una época increíble y dinámica” ella dice. “Muchos de los conflictos y retos a los que la gente se enfrenta hoy eran paralelos en ese entonces, y el mundo de ese tiempo es bastante reconocible para un espectador moderno si tiene el contexto para entender lo que ve”.
“Creemos con firmeza que tanto las personas como la cultura de ese tiempo dejaron importantes lecciones para el mundo moderno y nosotros intentamos ser ejemplos vivientes de dichas lecciones”
Foto por Lou Daprile
Sarah nunca ha sido una gran fanática de los teléfonos, así que nunca se molestó en tener un celular, y siente que “incluso los teléfonos fijos pueden ser bastante disruptivos, desde que permitieron que cualquier persona pudiera invadir su hogar en cualquier momento sin invitación o permiso”.
Con la Navidad sí requieren estar en contacto y han permitido cierta tecnología moderna en sus vidas. “No tenemos teléfonos celulares o tabletas; eso está entre las cosas que decidimos no usar”, menciona Sarah. “No me gusta hablar con una voz desincorporada y divorciada de las expresiones faciales y el lenguaje corporal, los cuales son muy importantes para la comunicación humana. La opción de las videollamadas de Skype es mucho más cercana a una conversación cara a cara, y es mucho más cómoda y efectiva para nosotros”.
“Sólo usamos Skype en una laptop. Nos gusta justo porque no necesita un hardware extra a lo que ya tenemos. Es algo que encendemos cuando queremos (cuando han programado una llamada) y la apagamos cuando no”, ella dice.
“Elegimos Skype porque ya teníamos una computadora la cual uso para mandar manuscritos a los editores y para ciertos elementos de investigación, además de que quisimos evitar cualquier hardware moderno adicional”.
Sarah y Gabriel usan Skype cuando hablan con periodistas, estudiantes e investigadores. “¡Incluso uno de mis más viejos amigos tiene un hijo que cursa el séptimo grado, a quien le doy lecciones de gramática a través de Skype; es una herramienta muy útil para ese propósito!” Explica Sarah.
Foto cortesía de Contemporary Issues a través de una clase llevada a cabo por una videollamada en la Escuela Secundaria Passaic Valley
Sarah se ha interesado por la era victoriana desde que tiene memoria. “Desde niña, me enamoré de su estética. Ya como adulto y con una licenciatura en Estudios Internacionales en la Universidad de Washington, me atrajo con una enorme fascinación el cambio cultural de esa época”.
Su esposo Gabriel (quien tiene una carrera en Historia y una maestría en Ciencias de la Informática y Bibliotecología por parte de la Universidad de Washington) se sintió fascinado con la rápida expansión de la tecnología a finales del siglo XIX. Antes de cambiar hacia la historia, Gabriel fue un especialista en ciencias de la computación. De acuerdo con Sarah, Gabriel decidió estudiar la historia de finales del siglo XIX porque era un ejemplo familiar de una sociedad en la lucha del cambio tecnológico. “Nuestros dos muy diferentes enfoques y perspectivas han sido muy valiosos para nosotros en nuestros estudios y nuestra vida, un verdadero matrimonio por intereses”.
Foto por Estar Hyo Gyung Choi
“De manera personal, considero que Skype es lo más sencillo de la tecnología de llamadas”, dice Sarah. “Ya que usamos muy poca tecnología moderna, me considero una conocedora moderada (en el mejor de los casos) de tales cosas; Gabriel es mucho mejor que yo en ese ámbito. Miro alrededor de nuestra habitación, a las lámparas de aceite, cajas de hielo y nuestro horno de leña, y me rasco la cabeza al pensar cuando las personas que han hecho sus vidas en torno a la tecnología, aún tienen problemas para solucionar las cosas.”
En estos días, Sarah ha invertido su tiempo en escribir una serie de novelas victorianas que llevan por nombre Relatos de Chetzemoka”  y mantiene al mundo exterior al tanto de sus vidas con su sitio web Esta Vida Victoriana.