viernes, 19 de agosto de 2016

Internet inalámbrico: quién lo necesita y por qué

La semana pasada, Facebook publicó un vídeo del vuelo inaugural de su dron Aquila. Su diseño es del tipo ala volante y la envergadura de sus alas se parece a la del Boeing 737, cubiertas de paneles solares.


Además de contar con paneles solares, el dron está equipado con baterías que sirven como fuente de energía durante la noche. Su estructura cuenta con cuatro motores eléctricos que hacen girar las hélices y también con un ordenador de a bordo que guía la nave a través de una trayectoria predefinida y que también se ocupa de la comunicación con tierra.
Para contribuir a la ligereza del diseño, el dron carece de ruedas y despega utilizando una plataforma especial de tres ruedas empujada por un vehículo. En resumen, no sirve como medio de transporte de pasajeros o mercancías. Después de todo, fue concebido para llevar a cabo otra misión.
Su cualidad más destacable es la habilidad de volar durante largos períodos sin la necesidad de aterrizar. Durante su vuelo de prueba, Aquila no aterrizó en más de dos semanas. Según los desarrolladores del proyecto, los drones comerciales podrían planear en el aire durante meses y solo necesitarían aterrizar a veces por mantenimiento.
Desde el punto de vista técnico, el dron es muy simple. Cuando está en el aire, planea en gran parte gracias al viento anabático, igual que un planeador sin motor. La capacidad solar disponible es más que suficiente para mantenerlo en el aire constantemente.
El exceso de energía se utiliza para hacer funcionar los elementos de “carga útil” a bordo, como los sensores meteorológicos o una cámara. Aun así, la verdadera finalidad de Aquila es funcionar como un satélite volador de baja altura que provea de conectividad a territorios remotos y rurales que cuentan con una cobertura de red nula o muy débil. Como satélite, el dron de Facebook se conecta a la estación en tierra mediante un láser aéreo y, a su vez, a los dispositivos de los clientes y a otros drones, incrementando a través de este “relé” el alcance a la estación más cercana.
La diferencia entre este dron y un satélite es la altitud: normalmente los satélites se posicionan a cientos de miles de metros del suelo, pero el dron de Facebook se sitúa a unos pocos miles de metros del suelo, lo que significa que los datos se transmiten con más rapidez y por menos dinero. En pocas palabras, el uso de satélites para llevar conectividad a zonas remotas es tan eficiente como romper una nuez con un martillo porque la conectividad es necesaria en muchos pueblos apartados enterrados en bosques tropicales, pero tampoco es necesaria en todo el Amazonas o en todo el continente sudamericano.
Debemos mencionar el proyecto Loon de Google que, en esencia, se llevó a cabo para colocar estaciones en globos aerostáticos. Al igual que los drones de Facebook, dichos globos conectan a los suscriptores mediante conexiones de radio. Los globos tienen menos movilidad, pero son estáticos en relación con el suelo. Esto es posible porque pueden maniobrar con el ya mencionado viento anabático y porque se inflan/desinflan ligeramente para ajustar su altitud.
Esta tarea la hace posible una computadora de a bordo que obtiene los datos necesarios de otros globos aerostáticos, lo que significa que el sistema conoce los datos de la corriente de aire para asegurarse de que el globo siempre esté en una zona atmosférica. Lo que debemos entender aquí es que la estación base no tiene por qué ser estática. Después de todo, podemos acceder a redes móviles y wifi mientras nos desplazamos. Si la distancia no excede unos cuantos kilómetros, cualquiera puede ver un avión e, incluso, una antena muy estrecha. Los globos de Google, que se probaron en 2015, podían mantenerse en el aire sin recargarse durante unos 100 días a 18 km de altitud.
Aun así, tenemos una duda: ¿por qué iban a ocuparse de ellos las compañías de Internet y no los operadores de red? Después de todo, estos últimos son los encargados de facilitar la cobertura de red. Pero he aquí la verdad. La población de países desarrollados ya está conectada a Internet, mientras que las áreas rurales con una baja penetración en Internet son, en su mayoría, países del tercer mundo que carecen enormemente de infraestructura y de algunas comodidades como la electricidad. Las baterías se pueden cargar con un generador, pero no se dispone de energía eléctrica continua.
Ni que decir tiene que las personas allí son pobres y ningún operador invertiría en redes troncales porque no recuperaría dicha inversión.
Pero Facebook y Google necesitan a esas personas. Las compañías solo pueden continuar creciendo si adquieren nuevos usuarios y para ello necesitan nuevas conexiones. Así que, como los usuarios de regiones con altos índices de penetración en Internet ya están en el juego, los nuevos usuarios deben unirse para convertirse en nuevos receptores de publicidad online, la mayor fuente de ingresos de dichas compañías.
Está claro que las personas que se encuentran al otro lado de la “brecha digital” no podrán permitirse pagar una suscripción a Internet, pero no tendrán que hacerlo porque la televisión suele ser gratuita y los canales de televisión podrán promocionar más productos, servicios, personas e ideas que les harán recuperar la inversión de la infraestructura de radiodifusión y de la creación de contenidos.
Imagínate la de miles de millones de datos de estos nuevos usuarios que estarían disponibles para las compañías de Internet una vez los usuarios empiecen a disfrutar de las redes sociales y de los motores de búsqueda. Esta es, en esencia, la verdadera idea de la dominación mundial. Si esto permite que alguien concentre el poder mundial en sus manos, llevar a cabo la idea de estas naves no parece una locura, sino un enfoque productivo.