martes, 26 de abril de 2016

Seguridad de la Información es responsabilidad de todos

No importa la posición que el profesional está en el mercado, sea él CEO de una empresa de seguros, líder de operaciones en industria de automotriz, responsable por el marketing de una industria de tejidos o propietario de una hacienda de caña de azúcar, basta con estar conectado a la internet para ser co-responsable por las estrategias de seguridad de la información en su ámbito de actuación.

La Internet de las Cosas está provocando una verdadera resolución, en lo que se refiere al impacto que la seguridad de TI tiene en la vida de las personas y en la rutina de sectores económicos, hasta entonces tradicionales y puramente analógicos.

Muchas consultoras hablan en mil millones de cosas que ya están conectadas y en como este universo va a crecer exponencialmente en poco tiempo. Pero, grandes números no traducen, necesariamente, el impacto causado en la rutina de las personas, cuando dispositivos de rutina pasan a ganar inteligencia y a ofrecer servicio al usuario. Un ejemplo es la televisión de su casa que, posiblemente, ya se conecta a la red Wi-Fi. También es posible controlar sistema de aire acondicionado o portales por medio de un aplicativo móvil, gracias a los sensores instalados en los equipos. Hay también neveras que informan el momento de ir a comprar y, las más modernas, ya son programadas para hacer esta tarea directamente desde el e-commerce del supermercado, sin la intervención de sus dueños. Los marcapasos que envían datos de salud de pacientes directamente a los sistemas de urgencias ya no son historia de ficción. Todo esto es IoT.

En un futuro no muy lejano, gran parte de las cosas que nos rodean serán inteligentes y van a comunicarse entre ellas. Su coche "avisará su casa" que estás a camino, para que el portal se abra justo en el momento exacto de su llegada al garaje, las luces se van a encender y el agua del té ya estará hirviendo cuando llegues al salón. Para este escenario hacerse realidad, basta una combinación muy sencilla: internet y direcciones IP. Estas tecnologías, con todas las facilidades y comodidad, traen un punto negativo: más puertas de entrada para los hackers.

Industrias de línea blanca, como neveras y lavadoras, automotriz, de aire acondicionado y otras que se valen de IoT para añadir valor a sus ofertas van a tener que pensar, necesariamente, en seguridad de la información, desde la concepción hasta el desarrollo del producto. Los ataques por ransomware – malware que bloquea un dispositivo, secuestra sus datos y pide pago de rescate - se convierten cada vez más comunes y deben ganar todavía más proyección, a la medida que la IoT avance. Ya está probado que los hackers son capaces de frenar un coche remotamente, solamente invadiendo el sistema en el cual él está conectado. Imaginen, entonces, recibir una amenaza de interceptación de marcapaso y la modificación consecuente del ritmo de su latido cardíaco. ¿Cuál la responsabilidad de las empresas que desarrollan productos inteligentes que, ahora, se pueden utilizar también para amenazar la vida de las personas?

Con el fin de las barreras que separan el mundo físico del virtual, queda cada vez más claro que proteger sus datos es proteger a sí mismo. Y esto es responsabilidad de todos.